Hay momentos en los que no es la realidad la que nos frena, sino la historia que nos contamos sobre ella.
Lo vemos a diario, personas con talento, recursos y experiencia suficiente que, aun así, se sienten pequeñas, inseguras o bloqueadas. No porque “no puedan”, sino porque hay una creencia interna que está tomando el volante. A eso lo llamamos creencias limitantes.
¿Qué son las creencias limitantes?
Las creencias limitantes son ideas profundas que damos por ciertas sobre nosotros, los demás o el mundo, y que condicionan cómo interpretamos lo que nos ocurre y cómo actuamos en consecuencia.
No suelen aparecer como pensamientos aislados, sino como verdades incuestionables:
- “No soy suficiente”
- “Si fallo, decepciono”
- “No sirvo para liderar”
- “Siempre me cuesta el doble”
- “Nunca es suficiente lo que hago”
El matiz importante es este, las creencias no son hechos. Son interpretaciones que, con el tiempo, se han ido reforzando hasta parecer verdades absolutas. Y aquí entra una idea clave… Las cosas, en sí mismas, no son ni buenas ni malas. Es la interpretación que hacemos de ellas la que les da significado.
Cómo nos afectan (más de lo que creemos)
Una creencia limitante no solo vive en la cabeza, sino que se manifiesta en el cuerpo, en las decisiones y en los vínculos.
Puede hacer que:
- Evitemos oportunidades por miedo a no estar a la altura
- Nos autoexijamos de forma desmedida
- Nos adaptemos en exceso para encajar
- Dudemos constantemente de nuestro valor
- Vivamos en alerta, intentando demostrar algo todo el tiempo
Con el tiempo, estas creencias se convierten en profecías que se autocumplen ya que actuamos desde ellas… y la realidad acaba confirmándolas.
Cómo identificarlas: el lenguaje no engaña
Las creencias limitantes suelen delatarse en afirmaciones extremas, rígidas y categóricas. Presta atención a palabras como:
- Siempre
- Nunca
- Todo
- Nada
- Soy así
- No hay otra forma
Por ejemplo:
- “Siempre me pasa lo mismo”
- “Nunca hago nada bien”
- “No valgo para esto”
- “Si no controlo, todo sale mal”
Cuando el pensamiento no deja espacio a matices, probablemente estamos ante una creencia, no ante un hecho.
Estar al servicio de la creencia (y no al revés)
Un punto de inflexión importante es cuando empezamos a vivir para confirmar la creencia, en lugar de cuestionarla. Por ejemplo:
- Si creo que “no soy suficiente”, buscaré señales constantes de aprobación.
- Si creo que “equivocarse es peligroso”, evitaré arriesgar.
- Si creo que “tengo que poder con todo”, no pediré ayuda.
Sin darnos cuenta, organizamos nuestra vida para no incomodar a esa creencia, aunque eso nos limite, nos desgaste o nos aleje de lo que queremos.
¿Qué podemos hacer? Conoce el modelo ABC
Una herramienta útil para empezar a tomar distancia es el modelo ABC, que nos ayuda a entender cómo se construye nuestra experiencia emocional.
- A – Acontecimiento (Antecedente):
¿Qué ha pasado objetivamente? - B – Belief (Creencia o pensamiento):
¿Qué me he dicho sobre lo que ha pasado? - C – Consecuencia:
¿Cómo me he sentido y cómo he actuado?
Ejemplo:
- A: Mi responsable me da feedback correctivo.
- B: “No valgo para este puesto”.
- C: Me bloqueo, dudo, bajo el rendimiento.
Preguntas que ayudan a flexibilizar la creencia:
- ¿Qué otras interpretaciones serían posibles?
- ¿Qué le diría a alguien a quien quiero en esta situación?
- ¿Qué evidencia real tengo de que esto sea 100% cierto?
- ¿Esta creencia me ayuda o me limita?
No se trata de “pensar en positivo”, sino de pensar con mayor amplitud.
El impacto en el trabajo (y por qué importa)
Las creencias limitantes no se quedan en lo personal, sino que también impactan de lleno el ámbito profesional. Las vemos en:
- El síndrome del impostor, incluso en perfiles muy competentes
- La dificultad para reconocer el propio valor y potencial
- La adaptación excesiva al entorno o al equipo, perdiéndose a uno mismo
- El miedo a asumir responsabilidades o visibilidad
- La forma en que ciertos estilos de liderazgo pueden erosionar la autoestima
Cuando una persona cree que no es suficiente, ningún reconocimiento externo termina de calmar esa sensación. Y cuando una organización no es consciente de esto, puede reforzar dinámicas de exigencia, comparación o despersonalización que alimentan aún más esas creencias.
Trabajar las creencias limitantes no va de eliminarlas a la fuerza, sino de relacionarnos con ellas de otra manera. De escucharlas, cuestionarlas y decidir conscientemente cuánto poder les damos.
La terapia es un espacio privilegiado para este trabajo, pero el primer paso empieza mucho antes, dándonos cuenta de que no todo lo que pensamos es verdad, aunque lo sintamos así.
A veces, el verdadero cambio no está en hacer más, sino en creer diferente.
Desde Bluebrain podemos ayudarte.
Acompañamos a personas y organizaciones a identificar esas creencias que, sin darse cuenta, están condicionando su bienestar, su rendimiento y su manera de relacionarse con el trabajo y con los demás.
Lo hacemos desde una mirada integradora, combinando psicología y contexto organizacional, para que el cambio no sea solo entender lo que ocurre, sino vivirlo de una forma diferente.
Porque cuando dejamos de estar al servicio de nuestras creencias limitantes, empezamos a tomar decisiones más alineadas, más conscientes y más sanas, tanto en lo personal como en lo profesional.
Si sientes que algo te frena, pero no sabes exactamente qué es, ese puede ser un buen punto de partida.





