En ocasiones vemos una realidad que se repite más de lo que imaginamos: personas brillantes, capaces y sensibles que viven atrapadas en un rol. Un personaje profesional que, con el tiempo, se convierte en una especie de armadura y aprendemos a funcionar desde ahí y a construir una identidad basada en lo que hacemos, en cómo nos perciben y en el reconocimiento externo que recibimos. Y así, sin darnos cuenta, empezamos a reorganizar toda nuestra vida alrededor de ese personaje.
Desde ese rol decidimos qué mostrar, qué callar, con quién relacionarnos y hasta qué emociones nos “permitimos” sentir. Alimentamos el ego, la reputación, la imagen… pero a veces ese brillo externo tiene un coste interno demasiado alto porque cuando el rol empieza a dirigirnos más que nosotros a él, ocurre algo silencioso que tiene un gran impacto en nuestra vida: perdemos conexión con nuestra esencia.
- Dejamos de escucharnos.
- Nos alejamos de personas que son importantes.
- Nos desconectamos de la familia, de los amigos e incluso de nosotros mismos.
- Y empezamos a sostener una fachada que, aunque impecable, pesa.
Aparece entonces el temor a que alguien descubra que, detrás de esa perfección construida, también somos humanos. Que dudamos, que nos cansamos y que a veces no sabemos cómo abordar muchas cuestiones. Ese miedo a decepcionar, a fallar, a no estar a la altura, es el que nos mantiene en alerta permanente.
Cuando vivimos así, la presión se vuelve constante. Cada día se convierte en una prueba y el estrés se instala como un acompañante habitual, no por el trabajo en sí, sino por la obligación interna de encajar en ese canon rígido que hemos convertido en una verdad absoluta. Dejamos de permitirnos equivocarnos… y mucho menos, cambiar de opinión.
Sin embargo, la salud mental y el crecimiento auténtico empiezan justo en el lugar opuesto: cuando soltamos la exigencia de sostener un personaje y nos damos permiso para ser.
Soltar expectativas no significa rendirse ni dejar de ser profesionales. Significa liberarnos de lo que no somos, recuperar la flexibilidad y habitar nuestra vida desde dentro y no desde fuera.
Cómo empezar a soltar el rol y volver a ti
Soltar un rol no es “dejarlo todo y empezar de cero”. Es un proceso sutil, psicológico y profundamente humano. No se trata de abandonar tu vida, sino de recuperar el espacio interior que ese personaje ocupaba. Aquí tienes algunas formas concretas de empezar:
1. Pon nombre a lo que sostienes
Pregúntate:
- ¿Qué parte de mi vida estoy sosteniendo solo para que otros no se decepcionen?
- ¿Qué expectativas me están alejando de mí?
Nombrarlo reduce el ruido interno y abre espacio para la verdad emocional.
2. Observa cuándo actúas desde el miedo y no desde tu esencia
Hay tres señales típicas de que estás actuando desde el rol:
- Te justificas continuamente.
- Sientes que nunca es suficiente.
- Te preocupa más la imagen que tu bienestar.
No juzgues la señal, sino que úsala como brújula.
3. Integra micro-momentos de honestidad
No hace falta cambiar toda tu vida, basta con introducir pequeñas dosis de autenticidad:
- decir “no” a algo que realmente no quieres
- pedir ayuda
- admitir que estás cansado
- reconocer que no sabes algo.
Cada gesto de honestidad afloja un hilo de la armadura.
4. Revisa tus límites y actualízalos si es necesario
Los roles rígidos suelen venir acompañados de límites difusos. Empieza por uno sencillo, como es establecer un límite semanal que te devuelva espacio. Puede ser:
- no responder mensajes fuera de horario
- reservar una tarde sin agenda
- eliminar una obligación autoimpuesta
Los límites no constriñen sino que protegen tu paz interior.
5. Recupera un hábito que te conecte contigo
Piensa en algo que disfrutabas antes de vivir desde la exigencia: leer, escribir, caminar, dibujar, música, silencio.
Reincorpóralo 10 minutos al día. Ese pequeño ritual actúa como recordatorio de lo que guardas y escondes en tu interior.
6. Habla con alguien que sostenga tu verdad, no tu personaje
Conversar con una persona que te conozca de verdad, como un amigo, un familiar, un terapeuta, puede ayudarte a ver lo que tú ya no distingues desde dentro. El personaje se debilita cuando es nombrado en voz alta.
7. Y sí, la terapia es un camino seguro para soltar sin derrumbar
La terapia no te pide ni hace que abandones tu rol profesional, sino que recuperes tu identidad detrás de él.
Un espacio terapéutico te ayuda a:
- identificar patrones de autoexigencia,
- poner nombre al miedo que sostiene la fachada,
- reconstruir una relación sana contigo,
- aprender a soltar poco a poco sin perder estabilidad.
La terapia no te cambia…te devuelve.
8. Recuerda: soltar es avanzar, no retroceder
Soltar no es perder, es liberar energía para dirigirla hacia donde sí quieres estar, es dejar de sostener lo que pesa para empezar a sostenerte a ti.
Tu paz siempre vale más que cualquier rol que interpretes. Porque el rol se puede ajustar, transformar, reinventar. Pero tu paz interior, esa es la base desde la que todo puede empezar a mejorar de verdad.





